El sur de la provincia de Guadalajara es una zona de inesperado interés cultural, en la que se puede disfrutar de interesantes yacimientos arqueológicos, paseos por instalaciones industriales de finales del XIX o por conjuntos históricos, como el de Pastrana, municipio que fue declarado “conjunto histórico-artístico” en 1966.

En esta zona, en plena comarca de La Alcarria, se encuentra Zorita de los canes, un pequeño municipio situado en el margen izquierdo del río Tajo, que cuenta con dos elementos de excepcional valor histórico: el yacimiento arqueológico de la ciudad visigoda de Recópolis y el conjunto arquitectónico que forman el castillo y su muralla.

La antigua ciudad de Recópolis fue un emplazamiento visigodo de gran valor estratégico y de considerable importancia. Fue, junto con Victoriacum, una de las dos únicas ciudades creadas “ex novo” de nueva planta en Europa occidental durante la Alta Edad Media. Construida por orden del rey Leovigildo a mediados del siglo VI, recibió su nombre en honor de su hijo y futuro rey Recaredo. Hoy, la creación ex novo de una ciudad de la envergadura de Recópolis se considera toda una declaración de afirmación dinástica conectada con la consolidación del poder del Estado.

Aunque apenas hay documentación visigoda que describa la creación de la ciudad, más allá de restos numismáticos, sí que existen dos importantes fuentes literarias que se refieren a su fundación y que nos trasladan la importancia que tuvo este hecho histórico. Se trata, por una parte, de la referencia que el cronista godo Juan de Biclaro establece en su obra Chronicon, en la que se refiere a Recópolis, dentro de la descripción de hechos acaecidos en el año 578, en los siguientes términos

“El rey Leovigildo, desaparecidos los tiranos y vencidos los usurpadores de Hispania, (…), descansó y fundó en Celtiberia una ciudad que por el nombre de su hijo se llama Recópolis, a la cual adornó con admirables obras en murallas y construcciones, privilegios para el pueblo de la nueva ciudad establecida.”

Por otra parte, la obra Historia de los Godos, Vándalos y Suevos, de San Isidoro de Sevilla, hace la siguiente referencia a la creación de la ciudad:

“Primero entre los suyos cubierto con vestimenta real sentado en su trono porque era rey por el hábito y el consenso común de la nación ante él. Fundó la ciudad en Celtiberia, que por el nombre de su hijo llamó Recópolis”.

Ambas referencias dan cuenta de la importancia de la fundación de la ciudad y de la intención del rey Leovigildo de crear un enclave potente, seguramente en su afán de mostrar el poder de un reino fuerte, consolidado y duradero.

En lo que respecta a las referencias numismáticas, la acuñación de monedas con la leyenda Recopolis fecit (hecha en Recópolis) supone un evidente testimonio no solo de la importancia de la ciudad, sino del poder de la propia dinastía. El hecho de que se hayan encontrado monedas de estas características tanto del reinado de Leovigildo como del de su hijo Recaredo podría hacernos pensar que la ciudad continuó expandiéndose también durante el reinado de este. En cualquier caso, Recópolis fue un núcleo urbano hasta la primera mitad del siglo IX. A partir de entonces, la ciudad fue cayendo en el abandono progresivo, llegando incluso a expoliarse materiales durante el periodo andalusí para la construcción del castillo y la alcazaba de la población de Zorita de los canes.

Durante la Reconquista, la ciudad resurgió tímidamente de entre las ruinas, siendo temporalmente repoblada con la construcción de viviendas alrededor de lo que había sido el templo, sobre el que se construyó una iglesia románica. Aun así, pronto fue abandonada en favor de Zorita de los canes, a apenas 2 km del yacimiento.

Se cree que los restos arqueológicos de la antigua ciudad visigoda son vastísimos. En la actualidad solo conocemos una ínfima parte, ya que únicamente se ha excavado un 8% de la extensión total que pudo tener la ciudad, descubierta por el arqueólogo Juan Cabré, que inició las primeras excavaciones en 1949.

De los restos descubiertos se deduce que la ciudad estaba organizada en torno a dos ejes principales que se extendían de Norte a Sur y de Este a Oeste. Entre lo que ha salido a la luz, podemos apreciar una cuidada planificación urbanística y cierta jerarquización del espacio urbano en su distribución: hoy en día puede observarse una estructura palatina, una amplia zona comercial y espacios de carácter religioso, todo ello rodeado de una sólida muralla de sillarejo.

En la parte excavada del yacimiento se aprecia que la estructura palatina y la zona dedicada al culto están comunicadas entre sí en la zona más alta del emplazamiento. A este conjunto, de grandes dimensiones, le acompañan, en lo que sería la zona baja de la ciudad, restos de talleres y zona comercial. El acceso a la zona noble de la ciudad se efectuaba a través de una puerta monumental de la que aún pueden advertirse dos basas.

Los restos del palacio, de 130m de largo por 9m de ancho, conforman una estructura de planta rectangular de gran envergadura, con restos de elementos sustentantes recorriendo su zona central, lo que hace suponer que en su origen tuvo una cubierta a dos aguas.

Por su parte, la edificación de la zona dedicada al culto es la mejor conservada del yacimiento debido a que al final de la Edad Media se construyó sobre una iglesia el templo primigenio. Aunque los restos más visibles, que constituyen la seña de identidad del yacimiento actual, son tardorrománicos, los que pertenecen al templo visigodo original se encuentran debajo de esta estructura posterior y permiten determinar que se trataba de una edificación particular de planta de cruz latina con naves laterales. Frente al pórtico se ha descubierto un basamento que sin duda añadiría solemnidad a esta parte de la ciudad, además de algunos elementos escultóricos como capiteles o restos de sarcófagos.

La zona destinada a talleres y comercios constituye la última de las áreas descubiertas de la ciudad. A ambos lados de la calle principal, y a continuación de los restos de la puerta monumental que daba paso a la zona noble, se advierten trazas de grandes edificios compartimentados que, por su emplazamiento y por los restos hallados en ellos, se cree que estuvieron dedicados a actividades artesanas y comerciales. Los materiales y restos arquitectónicos encontrados en estos recintos -restos de hornos, fragmentos de vidrios y escorias, moldes para la fabricación de pendientes y anillos, etc.- indican que podía tratarse de talleres de orfebrería y de producción de vidrio. También se han descubierto restos cerámicos de factura mediterránea que podrían hacernos pensar en la posibilidad de tráfico comercial entre Recópolis y ciudades costeras del Mediterráneo.

A continuación de la zona comercial se encontraría la zona de viviendas. Las pocas casas excavadas hasta la fecha muestran restos de mampuesto y tapial formando habitáculos articulados en torno a patios. Los materiales encontrados en estos recintos son, principalmente, restos de recipientes cerámicos y de vidrio: jarros, cuencos, vajilla, ánforas, ungüentarios o copas.

La ciudad estaba amurallada. Por los restos encontrados se sabe que se trató de una construcción muy cuidada, que constaba de sólidos muros de sillería y sus correspondientes torres y puertas. Además, Recópolis contaba con, al menos, una cisterna para almacenamiento de agua y con un acueducto para su suministro.

El Parque Arqueológico de Recópolis se creó en 2005, junto con su Centro de Interpretación, en el que se ofrece una completísima información sobre el yacimiento de lo que fue esta ciudad visigoda, así como sobre las campañas de excavación y los últimos descubrimientos que se han llevado a cabo en él.