Nos encontramos ante una de las representaciones de arte rupestre más conocidas de la Historia del Arte.

Localizada en el techo del interior de la cueva de Altamira, en la cornisa cantábrica, representa un bisonte en actitud de descanso. Está recostado y pueden observarse sus patas recogidas y dobladas. Los bisontes, junto con los caballos y los cérvidos, conforman el bestiario más característico del arte rupestre paleolítico en la región cantábrica.

La obra refleja una técnica evolucionada en la que se combinan grabado y pintura. Además, llama la atención que las propias protuberancias y grietas del techo se incorporan a la figura proporcionándole volumen y tridimensionalidad. La figura, bícroma, presenta un contorno grabado y dibujado en un trazo continuo realizado con pigmentos de color negro obtenidos del carbón vegetal. En cuanto a la pintura, rojiza al ser extraída de ocre, mineral rico en óxido de hierro, fue aplicada, probablemente con las manos, a tinta plana, cubriendo la práctica totalidad de la figura de manera uniforme, a excepción de detalles como los cuernos, ojos, patas, pezuñas, chepa y rabo, que fueron pintados en negro. Este bisonte combina, pues, no solo las técnicas de grabado, dibujo y pintura, sino diferentes técnicas de ejecución de la pintura.

En lo que respecta a los convencionalismos que refleja esta obra, es importante destacar que el bisonte recostado está representado de perfil y presenta una perspectiva uniangular, apreciable en la disposición de los cuernos. Además, aunque se trata de un animal recostado, transmite cierta sensación de movimiento a través de los ángulos que forman las patas dobladas y del rabo. Se trata de una figura naturalista, que presenta detalles muy realistas que permiten identificar perfectamente al animal representado, así como su actitud y refleja la capacidad de observación de su creador.

Si tenemos en cuenta la temática (fauna templada), la técnica (combinada) y detalles como su naturalismo y realismo, su disposición o la leve sensación de movimiento, esta obra constituye una muestra de arte rupestre paleolítico del estilo IV antiguo de A. Leroi-Gourhan, que se correspondería con la datación obtenida por el C14 AMS, que sitúa la antigüedad de los bisontes de Altamira en torno a los 14.500 años. La datación estilística y la cronológica sitúan por lo tanto esta obra en el Magdaleniense Medio.

Se desconoce la motivación que pudo llevar a la creación del conjunto artístico al que pertenece esta obra. Son varias las teorías que intentan explicar el significado o el simbolismo del arte del Paleolítico Superior y todas aportan datos interesantes: podría tratarse de iniciativas de magia simpática encaminadas a propiciar la caza, de parte de algún ritual chamánico de iniciación, de simple entretenimiento o podrían ser imágenes que de alguna manera simbolizaran abstracciones que desde nuestra perspectiva actual no podemos entender. En cualquier caso, es evidente que, con independencia de su motivación, se trata de composiciones planificadas y desarrolladas con una intención determinada que pueden ser consideradas una obra de arte excepcional, de una gran plasticidad, solo comparable con algunos conjuntos franceses como la sala de los toros de Lascaux.

Bibliografía y fuentes:

 – El arte paleolítico de Altamira, Lasheras Corruchaga, J.A. 2002.